lunes, 25 de abril de 2016

Javier Marías

Javier Marías

Javier Marías
Javier Marías (Feria del Libro de Madrid, 31 de mayo de 2008).jpg
Javier Marías firmando en la Feria del Libro de Madrid(31 de mayo de 2008)
Información personal
Nombre de nacimientoJavier Marías Franco
Nacimiento20 de septiembre de 1951 (64 años)
MadridFlag of Spain.svg España
NacionalidadFlag of Spain.svg Española
Familia
PadreJulián Marías
Educación
Alma máter
Información profesional
OcupaciónEscritortraductor y editor
GéneroNovela y traducción
MovimientosLiteratura española contemporánea
Obras notablesCorazón tan blancoMañana en la batalla piensa en míTu rostro mañanaLos enamoramientos
Miembro de
DistincionesCríticaRómulo GallegosJosé DonosoNacional de Narrativa
Web
Sitio web
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Javier Marías Franco (Madrid20 de septiembre de 1951) es un escritortraductor y editor español, miembro de número de la Real Academia Española, donde ocupa el sillón R.

BiografíaEditar

Javier es el cuarto de los cinco hijos[1] del filósofo y miembro de la Real Academia Española Julián Marías y la escritora Dolores Franco Manera, y hermano del historiador del arte Fernando Marías Franco y del economista y crítico de cine Miguel Marías.[2] Además, es sobrino del cineasta Jesús Franco (también conocido como "Jess Franco").
Pasó parte de su infancia junto con su familia en Estados Unidos,[3] ya que a su padre, encarcelado y represaliado por ser republicano, se le prohibió, tras salir en libertad, impartir clases en la universidad española, por lo que entre 1948 y 1950 colaboró con José Ortega y Gasset en la creación del Instituto de Humanidades; desde 1951 Julián Marías dio clases en universidades norteamericanas y en 1964, una vez rehabilitado su prestigio público, ingresó en la Real Academia Española.[4]
Javier Marías recibió una sólida educación liberal en el Colegio Estudio, heredero de la Institución Libre de Enseñanza.[5] Se licenció en Filosofía y Letras (rama de Filología inglesa) por la Universidad Complutense de Madrid.[6]
Sobrino y primo, respectivamente, de los cineastas Jesús Franco y Ricardo Franco, colaboró con ellos en su juventud traduciendo o escribiendo guiones, e incluso apareciendo como extra en algún largometraje.[7] [8]
En 1970 escribió su primera novela, Los dominios del lobo, que saldría al año siguiente. Entre la escritura de la obra y su publicación, conoció a Juan Benet,[3] al que le uniría a partir de entonces una gran amistad y que fue una figura clave en su vida personal y literaria.[9]
En 1972 publicó Travesía del horizonte, y en 1978 El monarca del tiempo. Ese mismo año apareció su traducción de la novela de Laurence Sterne La vida y opiniones del caballero Tristram Shandy, por la que le fue concedido al año siguiente el Premio de traducción Fray Luis de León.[10] En 1983 salió su cuarta novela, El siglo.
Entre 1983 y 1985 impartió clases de Literatura Española y Teoría de la Traducción en la Universidad de Oxford. En 1984 lo haría en el Wellesley College y entre 1987 y 1992 en la Complutense de Madrid.[3]
El hombre sentimental aparece en 1986 y, dos años más tarde, Todas las almas, obra esta última que narra la historia de un profesor español que imparte clases en Oxford, lo que dio lugar a que el narrador fuera identificado como Marías.[11] Los protagonistas de sus novelas escritas desde 1986 son intérpretes o traductores, "personas que han renunciado a sus propias voces", en palabras de Marías.[12]
En 1990 salió su primera recopilación de relatos breves, Mientras ellas duermen y en 1991, la primera de artículos periodísticos, Pasiones pasadas. En años sucesivos aparecieron nuevos volúmenes recopilando su obra publicada en prensa y revistas.[13]
Corazón tan blanco (1992), en la que se mezclan novela y ensayo, tuvo un gran éxito tanto de público como de crítica convirtiéndose en uno de los puntos de referencia del denominado Hibridismo Genérico, y supuso su consagración como escritor.[cita requerida] Fue traducida a decenas de lenguas, y el crítico alemán Marcel Reich-Ranicki mencionó a Marías como uno de los más importantes autores vivos de todo el mundo.[14]
Su siguiente novela, publicada en 1994, Mañana en la batalla piensa en mí (título tomado de un verso de Shakespeare, al igual que Corazón tan blanco), recibió importantes premios en Europa y América, como el Rómulo Gallegos (fue la primera vez que este galardón fue otorgado a un español)[15] o el Fastenrath, de la Real Academia de la Lengua, por citar solo dos.[16]
En 1998 apareció Negra espalda del tiempo, novela en la que Javier Marías detalla los cruces entre ficción y vida real producidos por la falsa interpretación de Todas las almas como un roman à clef. Es también en esta obra donde se cuenta la historia del "legendario, real y ficticio" Reino de Redonda, del que Marías se acababa de convertir en soberano, con el nombre de Xavier I, tras la abdicación de Jon Wynne-Tyson.[17] Con evidente tono lúdico, Marías (pese a su republicanismo confeso) aceptó el título con el objeto de defender el legado literario del Reino, nombró una corte formada por personajes de la cultura nacional e internacional y convocó un premio anual. En 2000 creó la editorial Reino de Redonda.[18] [19]
En 2002 comenzó a publicar la que podría calificarse como su novela más ambiciosa, Tu rostro mañana. Aunque de lectura independiente, continúa con algunos de los personajes (en particular, el narrador) de Todas las almas. Debido a su extensión, más de 1500 páginas, el autor decidió publicarla en 3 tomos (Fiebre y lanza, 2002, Baile y sueño, 2004 y Veneno y sombra y adiós, 2007).[20]
En 2011 publicó Los enamoramientos,[21]novela con una trama en parte detectivesca, pero que plantea problemas filosóficos, éticos. La historia está relatada en primera persona por María, la protagonista que trabaja en una editorial, y es la primera vez en que Marías utiliza una narradora (antes solo había escrito un relato corto desde la perspectiva femenina).[22] Salida en abril, a octubre de 2011 la novela había sido traducida ya a 18 idiomas y la edición de Alfaguara había vendido más de 100.000 ejemplares.[23] La novela no solo tuvo un gran éxito de público, sino también de crítica: fue elegida libro del año 2011 por el suplemento cultural Babelia de El País.[24]
En 2012, Marías fue galardonado con el Premio Nacional de Narrativa español. Este galardón lo concede el Ministerio de Cultura de ese país. Marías rechazó el premio y aseguró que agradecía "la gentileza del jurado" y que esperaba que no se tomara su postura "como un feo":
Estoy siendo coherente con lo que siempre he dicho, que nunca recibiría un premio institucional. Si hubiera estado el PSOE en el poder hubiera hecho lo mismo... He rechazado toda remuneración que procediera del erario público. He dicho en no pocas ocasiones que en el caso de que se me concediera no podría aceptar premio alguno.[25]
Javier Marías, octubre de 2012
Marías reunió, en 2012, en un volumen titulado Mala índole (nombre de un cuento largo que había publicado, por entregas, en el diario El País en 1996 y dos años más tarde en libro aparte) los relatos que considerada que podían ser reeditados. Al respecto, explicó: “Dado lo poco que he frecuentado el noble arte del cuento en los últimos tiempos, es posible que ya no escriba más y que lo que aquí se ofrece acabe siendo la totalidad aceptada y aceptable de mi contribución al género”.[26] Esta antología contiene los 26 relatos ya incluidos en sus anteriores libros de cuentos —Mientras ellas duermen y Cuando fui mortal— más 4 escritos después de que esas recopilaciones fueron publicadas.[26]
Sus obras han sido traducidas a 40 idiomas y publicadas en 50 países.[23] El prestigioso sello inglés Penguin ha decidido incorporar siete libros de Marías —cinco novelas, un libro de relatos y otro de ensayos— a su colección de Modern Classics (el acuerdo correspodiente se cerró en la Feria del Libro de Fráncfort 2011), con lo que este novelista pasa a ser el sexto escritor en lengua española incluido en ese selecto club después de Jorge Luis BorgesFederico García LorcaGabriel García MárquezPablo Neruda y Octavio Paz.[23]

Otras presencias

Polémicas

Obras

Crítica

Galardones

Véase también

Referencias

Enlaces externos

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sábado, 12 de marzo de 2016

Escritores de Posguerra: Camilo José Cela


Camilo José Cela ha encarnado, como nadie, la literatura española de posguerra. No se piense que lo enuncio como demérito y que a renglón seguido ha de venir el recuerdo, ciertamente poco glorioso, de la redacción de un capítulo del libro Laureados de España, de los pasos como censor o del ofrecimiento de servicios de delación político-literaria. Se trata de otra cosa. Lo que importa es que Cela construya la primera carrera de escritor profesional entre 1939 y 1975: la empieza saliendo en cada número de La Estafeta Literaria, publicando hasta dos libros a la vez, escribiendo donde se tercie y más luzca, administrando los escándalos (que siempre tienen algo de oculta pedagogía) y, en un momento dado (el de la Academia, el de la fundación de Papeles de Son Armadans), sabiendo ir más allá del mundillo corraluno del momento.
Pasaron los años. En 1969, ante un país distinto, San Camilo 1936 rondó la parte más dolorosa de una autobiografía colectiva y halló en la exploración una inequívoca sensación de culpa. Como sucede en un libro muy poco leído, Oficio de tinieblas 5, y en otros dos más recientes, Mazurca para dos muertos y Cristo versus Arizona (que emparenta a lo lejos con Mrs. Cadwell habla con su hijo). ¿Culpa, he dicho? La obsesiva presencia de la muerte, las liturgias de la crueldad, la proclamación de una sexualidad tan ominosamente ligada al incesto, al estupro y al desprecio, ¿no serán ceremonias para aplazar la responsabilidad y el descubrimiento del vacío? Todavía carecemos de una exploración del mundo moral de Cela que vaya más allá de lo anecdótico y del aspaviento melindroso... Valdría la pena ponerse a ello. Suele asociarse a Cela con Quevedo por mor de la fuerte preponderancia del estilo sobre cualquier otra cosa (todo estilo es la representación de un infierno). Pero también se parecen en otros órdenes: en la falta de miedo a los límites del sarcasmo y del odio, en la (a menudo) pésima elección de valedores, en el orgullo casi satánico, en haber vivido muy dentro de épocas turbias, en haber sabido disimular un profundo nihilismo con una superficie de comicidad y una dramática vulnerabilidad con una máscara de violencia.
Juan Goytisolo ha contado -con muy mala intención- cómo Cela quiso obtener fotografías de su entrevista con Jean Paul Sartre... y una botella de coñá firmada por el autor de La nausée (En los reinos de taifas); Italo Calvino ha dejado un retrato cruel de sus pretensiones como 'escritor internacional' en las reuniones de Formentor a comienzos de los sesenta (Los libros de los otros. Correspondencia (1947-1981). No ha creado escuela, con alguna excepción. Como Quevedo, ha tenido imitadores y también, como Quevedo, ha sido a veces uno de ellos. Pero ahora nada debe impedir que Cela crezca todavía más: no hay muchos escritores que construyan, por sí mismos, toda una literatura; tampoco hay demasiados que representen la totalidad de una época. Y, a la postre, nadie tiene la culpa de cuál fue la suya.

domingo, 10 de enero de 2016

NOVECENTISMO

general
Cuando se habla de Novecentismo nos referimos a la obra de un grupo de autores que alcanza su momento de máximo esplendor a partir del año 1914, de ahí el término Generación del 14 que también se les aplica.
Pueden sernos de utilidad las definiciones que de este movimiento nos dan Azorín y Guillermo Díaz Plaja. Para el primero, es evidente que en torno al año 1914 ha llegado a la cultura española una nueva generación diferente de la modernista. Según él, estos nuevos escritores pueden definirse por dos rasgos en oposición a la literatura anterior:
·      -Son más metódicos y racionalesSon, sobre todo, intelectuales, más que artistas.
Por otro lado, el crítico catalán Guillermo Díaz Plaja define el nuevo movimiento como lo que ya no es modernismo ni noventayochismo, y lo que todavía no es vanguardismo. Fue este autor quien introdujo el término novecentismo en la periodización de la literatura española, tomándolo del noucentisme catalán, término que Eugenio d’Ors había adoptado antes del italiano para referirse al movimiento político catalanista que tuvo lugar entre los años 1906 y 1915. 
Tanto la Generación del 98 como la del 14 comparten preocupaciones y convicciones frente al ochocientos y, más concretamente, frente a la Restauración. Pero a finales de la primera década del presente siglo las pequeñas disensiones entre ambos grupos comienzan a convertirse en grandes diferencias. Ortega declara superada la época del nietzscheanismopuro y combate a Maeztu y a Unamuno. Se declara abiertamente en contra de la insociabilidad en la lectura moral de Baroja. La nueva actitud novecentista se observa claramente en Pérez de Ayala, que deja a un lado la denuncia y el lamento y se propone actuar de una manera práctica. Los componentes de esta generación son conscientes del papel político que debe desempeñar la intelectualidad, tanto en la investigación de la realidad del país como en la defensa del avance liberal. 
Resulta muy significativo el discurso de Ortega en el Teatro de la Comedia, en marzo de 1914, a modo de presentación de la nueva generación, que se define sin ambiciones personales, austera, privada de maestros hispánicos, nacida de la reflexión de 1898 pero sin concesiones a los tópicos del patriotismo. Una generación, en suma, que no gritará y que piensa en primer lugar en las minorías. Tendencias similares se dan en Francia, Inglaterra, Alemania e Italia: se trata de la ascensión de las élites intelectuales juveniles al poder y la denuncia de la "literatura caduca" y de la "política de los viejos". El postulado vital de esta generación, enunciado por Ortega, sostiene que hay que emprender una cultura biológica, con sentido deportivo y festivo de la vida. Este vitalismo se ve presente en los miembros de esta generación: Miró, d'Ors, Pérez de Ayala y, muy especialmente, Gómez de la Serna. El vitalismo es proyectado sobre el tema que más preocupa a los novecentistas: el tema de España: "Hay que rehacer la Historia de españa hasta en sus últimos postulados". En esta línea trabajan Américo Castro, Madariaga, Sánchez Albornoz, Marañón, etc.
Los novecentistas, por otra parte, no sólo tienen como meta la transformación política del país sino también la mutación del individuo, siendo imprescindible para ello una amplia formación estética; de ahí la preocupación de esta generación por los temas literarios, sus disquisiciones sobre los géneros y sobre el arte en general, sus intentos de encontrar nuevas formas de novela y poesía y la búsqueda incesante de nuevos lenguajes.
También buscan estos autores, de una forma decidida, la solución en el acercamiento a Europa, acercamiento que sirve tanto para formar a los escritores (los del 98 eran autodidactas) como para influir en sus obras, entre las que destacarán los ensayos rigurosos que, impulsados por la modernización de la Universidad y el asentamiento de la industria editorial, se convertirán en el mejor vehículo para sus ideas. Según explica José-Carlos Mainer, se puede hablar también de “una creación de un público a través de la divulgación de ideas y de la voluntad pedagógica de la literatura”, que tendrá en la prensa diaria y las revistas su lugar propicio.
Por otro lado, la influencia de las corrientes vanguardistas es definitiva en la novela o la poesía de los escritores del 14. La deshumanización del arte que propugna Ortega pretende acabar con la reproducción de la realidad para conseguir un arte puro, pulcro y sin sentimentalismos, en el que el hombre y el papel de su inteligencia sean seriamente revisados. La creación artística deberá procurar desdramatizar su reflexión, y esto lo consigue mediante una elegante prosa contenida y el recurso del humor, que logra revertir el pesimismo noventayochista. El autor paradigmático en este último aspecto será Ramón Gómez de la Serna con sus greguerías.